Segundo

Estoy parado en un segundo.
En este segundo…
En este segundo…
En este segundo…
Si puedo pararme en este segundo…
Si pudiese pararme en este segundo…
Tal vez podría pararme en este segundo…
No en este segundo, en el anterior…
El que acaba de pasar…
El que se me fue…
El que acaba de convertirse en un recuerdo…
Ese instante, ese momento…
Ese tesoro que me robó el tiempo…
Con esto ya perdí otro segundo…
¿Y por qué segundo?
Si en realidad está primero…
Tal vez, ese sea el secreto…
No debo pensar en el segundo,
siempre queda segundo y por eso lo pierdo…
Debo pensar en el primero…
En ese que está por venir…
El que todavía no me robó el tiempo…
¿Pero cómo puedo pensar en él?
¿Cómo puedo adelantarme a conocerlo
si ni siquiera me lo han presentado?
¿Cómo puedo vivir ese primero,
si todavía no existe en este segundo?
¿Cómo puedo robárselo al Tiempo,
si todavía él no lo ha creado?
¿Tal vez…?
Tal vez viviendo este segundo…
Pueda disfrutar de este segundo…
Y no perder este segundo…

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Un poco de agua entre tus manos

El amor es como un poco de agua
que uno toma con sus manos.
Si no estás atento a ella y no la cuidas
se escapará por entre tus dedos
para alimentar el suelo o volver a su fuente.
Si tratas de cerrar tus manos para atraparla
se escurrirá violentamente de ellas.
Por ende solo puedes quedarte ahí,
teniendo el agua entre tus manos sosteniéndola,
guardándola para que no se vaya
pero tampoco para atraparla.
Te deleitarás con ella,
con verla allí tan cristalina,
pura y clara, tan suave y delicada
¡hasta refleja la luz del sol!
Con ella alimenta tu alma
como lo hace el amor.

Trivias

Trivias y tribulaciones,
tripas y tendones,
eso es el hombre.
Y si sólo somos eso,
¿por qué gastamos
nuestra vida en tensiones?
Acaso las trabas que nos traemos
nos hace sentir que podemos trascender
la tierra que pisamos,
la tierra que respiramos,
la tierra que comemos y cagamos.
Porque si sólo somos
trivias y tribulaciones,
tripas y tendones,
¿entonces qué es el hombre?

El dulce cantar

El mundo se equilibra entre ruidos y silencios.
He notado que los hombres ya no nos expresamos más.

Miro por mi ventana y oigo a un pájaro cantar.
¡Y sí! Él canta.
Inflama su pecho con el aire matinal.
En ese segundo que le lleva desatar ese vendaval
el aire se enciende en llamas en su dulce expresar.

¿Y por qué canta?
¿A quién le canta?
No a mí, ya que no nota mi admirar.
No creo que le cante a la mañana
que lo recibe con su frío lloviznar.
Tampoco creo que a otros pájaros
que se esconden para no mojarse ya.

¿Y entonces para quién canta?
¿Para quién despliega su dulce trinar
si el mundo no lo escucha ya?

¿Para quién cantas si el mundo te teme escuchar?

¿Por quién vibra tu corazón dulce zorzal?
¿Quién es ese dulce amor a quién le entregas tu cantar?

El mundo calla ya…
y solo se escucha tu cantar.
Mientras los hombres se esconden
porque no te quieren escuchar.
Le temen a tu cantar.