Existir

Existir

Desexistir

Desistir de existir,

por no existir como existís.

Existir y no existir,

para finalmente inexistir

de existir como existís.

Y así, soñar que existís,

crear que existís,

construir tu existir,

con cada paso,

con cada palabra,

con cada inspiración,

sostener tu existir.

No llores

No llores más pequeño,

o no quedaran lágrimas para mí muerte.

No llores más pequeño,

o tus ojos se secarán y de ellos no brotara ni un lamento.

No llores más pequeño,

porque los hombrecitos no lloran.

No llores más pequeño,

porque las lágrimas no te pertenecen,

porque estás se agotaron,

porque las saboreo una niña

y las enjugo una mujer.

Palabras voraces

Palabras hambrientas,

palabras sedientas.

Palabras voraces

devorando palabras.

Palabras sin palabras

de las cuales alimentarse.

Palabras autofagocitándose,

solo para tener algo que comer.

Esas palabras que engulleron mis días,

se atragantaron con mis años,

y regurgitaron mi existencia;

son las palabras

que hoy alimentan mí vida.

Me verán

Algún día me verán por quien soy,

la piel en la piel,

sin sombras que la vistan.

Algún día me verán por quien soy,

sin pretensiones,

sin asombros, ni sombras.

Algún día me verán por quien soy,

sin esperar que me vean,

sin soñar que me vean,

sin llorar para que me vean,

sin sombras para que me vean,

para que realmente me vean.

El laberinto de las apariencias

¿Por qué cuesta tanto decir las palabras?

¿Por qué cuesta tanto nombrarse?

¿Por qué pareciera estar prohibido decir quiénes somos?

¿Por qué nos ven como si

fuésemos monstruos cuando lo hacemos?

Cómo si rompiésemos algo sagrado

o escupiéramos el rostro de Dios.

¿Acaso tenemos que ser un algo,

una cosa, una tuerca, un perno

en el engranaje de la maquinaria social?

¿Acaso no somos personas?

¿O es que las personas no existen y en realidad

todes somos títeres en el laberinto de las apariencias?

Desnudar el alma

Desnudar el alma hasta el punto que sea piel.

Sacarse el cascaron y quedar a carne viva,

hasta que la carne sea vida.

Que se caigan las máscaras,

las de hierro, que aprisionan y asfixian.

Que se caigan los muros,

los internos, que le dan forma al laberinto,

que encierran al minotauro.

Que se limen los barrotes,

de la mente, que la coaccionan y la limitan,

que me aprisionan y no me permiten ser.

Esa jaula que creí protección y ahora es prisión;

límenla, libérenme, déjenme ser.

Tormenta

¿Dónde está mi mente?

¿Dónde está mí ser?

¿Qué es la mente?

¿Qué es el ser?

¿Quién habita a quién?

¿Y cómo distinguir mí mente

de mí ser en el torbellino de esta?

¿Cómo saber quien soy y dónde existo

en la tormenta de mis pensamientos?

¿O es que acaso somos la tormenta y no el silencio?

¿Y como ser el silencio, si lo que calla no existe?

¿Acaso el rugir, el chirriar de mis pensamientos

es lo que nos define sin forma alguna?

¿Es la tormenta lo que nos da vida

a pesar de ser tormento?

¿Existo?

Pienso, por lo tanto existo.

Pero, ¿cómo me pienso es como existo?

Y sólo si me pienso me siento,

porque no puedo sentirme sin pensarme.

Por ende, ¿puedo forzar mi pensar para existir y sentir?

¿O mi existir define mi pensar y sentir?

¿Qué define si existo y cómo existo?

¿Y si desisto, no existo?